La Criticona 

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COLUMNA 

27 Apr 2026

Ascender no debería dejar huellas de caída ajena.


A Jaco en su cumpleaños.


La lección debe ser clara para todos. Como acto legítimo del ascenso de cualquier persona o grupo, debe tener la humildad de no excederse. Si se planteó cambiar las bases y hacer algo diferente, para la riqueza —dicen— todo vemos negro. Concedo que se ha fortalecido el Estado. Pero en otras, en la mayoría, se ha dejado que la dinámica sea el signo del pasado, que nos guíe el monstruo de Hobbes.

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Si la reforma al Poder Judicial no hubiese pasado, la Suprema Corte de Justicia estaría dominada también ahora por los morenistas. Por el presente "democrático" o por la captura del sistema.

Lo que ha pasado en el INE es como Eclesiastés: "Todas las cosas tienen su tiempo, y todo lo que hay debajo del cielo pasa en el término que se le ha prescrito". La muerte del viejo régimen y el nacimiento de la captura morenista, cargando los dados hacia donde está el dominio. Es decir, no es ADN nuevo. Es transfusión.

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Si antes las manos nos ahorcaban, ahora son las nuestras quienes asfixian a la democracia.

Y bien dirían algunos, aferrados a los significados, que la democracia viene del griego dēmos (pueblo o ciudadanos) y krátos (poder o gobierno). Etimológicamente significa "el poder del pueblo" o "gobierno del pueblo".

Pero es moldeable, según también lo pensemos desde la novela 1984 de George Orwell, quien plantea que desde el lenguaje de la neolengua se transfiguran los intereses de quienes gobiernan y ostentan el gobierno para sus intereses. Son los tiempos de la redención, pero también los plazos aplastantes del Estado mexicano —esos que no repetiríamos, esos que eran un solo recuerdo del pasado.


Al último y por último —pero nunca, nunca menos importante—:

Algo simplista, guardando las proporciones, está en la narrativa electoral. Maru Campos, la gobernadora panista de Chihuahua, ha estado en la agenda nacional porque no informó sobre los movimientos de agentes extranjeros en coordinación con la policía estatal. Se informó porque murieron dos agentes —presuntamente de la CIA— y otros dos mexicanos, uno casualmente con los mismos apellidos del finado "Mencho".

La discusión política busca juzgar a los vende patrias de la derecha y a las buenas intenciones de los progresistas. Son batallas por la narración. El punto es que hay agentes en territorio mexicano.La única diferencia —y eso por el caso del general Cienfuegos— es que se les pidió rindieran un informe a la Cancillería mexicana por parte del consulado mexicano. Ni dramaticemos lo que en el Estado el progresismo no elimina, si no administra.


Sean rabiosamente coherentes…



Hasta pronto,



Alan Jiménez


20 Apr 2026

“El arte debe ser como el pan: para todos.”
— Rufino Tamayo

La Noche Estrellada de Van Gogh es una obra de arte que no fue vendida en vida por el artista, tiempo después su familia la vendió a un coleccionista de artistas holandeses, posteriormente en 1941 llegó al Museo de Arte Moderno de Nueva York. La pieza, reproducida en múltiples objetos, establece un lucro mercantil. Si bien en el fondo, casi inexplorado, es que esa pieza transmite una fugacidad del tiempo, de una noche que jamás volveremos a ver. Se difumina, se extravía.

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En México, la colección conocida ahora como Gelman-Santander tiene algunas obras consideradas Monumento Artístico, al menos las de Diego Rivera y Frida Kahlo. Pero también esa misma colección incluye nombres como José Clemente Orozco, Rufino Tamayo, María Izquierdo, Ángel Zárraga, David Alfaro Siqueiros, Gunther Gerzso y Francisco Toledo. Su tramitología otorgó beneficios a los privados para tener la facilidad de que, de aquí a 2030, se vaya a España y desde allí viaje indefinidamente por el mundo. No hemos visto que un Van Gogh o un Goya viajen con esa facilidad. Los mexicanos padecemos en todos los ámbitos que con dinero baila el perro.

Las leyes se tuercen. En las garras del mercado libre y salvaje se juega también con la integridad de las piezas pictóricas. Se sabe que Jacques y Natasha Gelman querían que la colección se quedara en México. Se presentó una oferta al gobierno de México y este simplemente abdicó. Santander actuó. En estos tiempos de redención, nada se ha hecho por la cultura y el arte que pueda ser transformador al acercar al pueblo estas obras que difícilmente volveremos a ver, y que habrá que disfrutar hasta el 17 de mayo en el Museo de Arte Moderno de nuestro país.

Al último y por último —pero nunca, nunca menos importante—:


El país enfrenta cambios, pero los enfrenta con miradas poco transparentes que permiten seguir pensando que todo cambia, que todo se transforma y todo sigue igual. Pero es también por falta de valorar que no todo puede ser en esta falsa narrativa de la alta y la baja cultura. Si hoy se es Estado y se pueden adquirir piezas valiosas de los artistas nacionales, no debemos, por falsas telarañas progresistas, dejar de acceder a ellas. Se pacta ahora. O se intenta cambiar la perspectiva del fracking —ese mismo que no se permitiría—, pero hoy se presenta con otro vestido, como la mona de seda. El arte de hacer malabares lo dejo para los experimentados y redentores defensores de que vivimos los tiempos estelares del mundo, mundial.


Sean rabiosamente artistas de la vida...


Hasta pronto,
Alan Jiménez


6 Apr 2026

Nunca he asistido a una función de lucha libre. Las he visto en la televisión: el griterío, la euforia, ese impulso colectivo de tomar al rival y vencerlo. Me imagino que en la arena todo se intensifica.

Algo parecido —aunque en otro terreno— ocurrió aquel 24 de octubre de 2023, en un evento de unidad por la candidatura de la Ciudad de México. El grito de “Utopías” fue unísono: un acto mínimo de resistencia frente a la maquinaria que se movía en favor del policía.

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Hoy, a dos años de aquella pasión —y tras condicionamientos y acuerdos políticos que dejaremos fuera—, la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, ha inaugurado la primera UTOPÍA fuera de Iztapalapa.

Se ubica en la Magdalena Mixiuhca, en Iztacalco, entre Puebla y Ciudad Deportiva (Línea 9 del Metro). No es solo infraestructura: es una apuesta por la vida en común.

Hay de todo: minigolf, pista BMX, go karts, caja de bateo —cerca del parque Alfredo Harp Helú—, ágora, cabina de radio, casa de día, juegos infantiles y una alberca de dimensiones similares a las olímpicas. Todo en su primera etapa. Detrás, un proyecto mayor: cien espacios como este en la ciudad.

La apuesta es clara: que no sea privilegio de unos cuantos. Que el ocio, el encuentro y la dignidad dejen de ser excepcionales. Que podamos construir momentos propios, con quienes elegimos compartirlos.

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Esta oda también nace de la experiencia. Estuve apoyando en el Santo Chapuzón Vacacional, que continúa del 7 al 12 de abril, de 10:00 a 18:00 horas, en turnos de una hora con cuarenta y cinco minutos. Acceso limitado, sí, pero con una ruta clara: más albercas, más espacios, más tiempo común.

Hasta que el ocio —como forma de lo público— sea permanente.

Para que el esparcimiento no dependa del mercado. Para que exista, incluso si incomoda. Como dijo la Jefa de Gobierno: mientras existan proyectos así, la utopía deja de ser discurso y comienza a tomar forma.

Al último y por último —pero nunca, nunca menos importante—:

El ejército ciego, de David Toscana, ganador del Premio Alfaguara 2026, es un libro breve que —dicen— permite mirar el mundo desde la perspectiva de los vencidos. Terminando Fouché, será mi siguiente lectura. Una pequeña desviación del plan, pero necesaria.


Sean rabiosamente utópicos…


Hasta pronto,

Alan Jiménez


30 Mar 2026

“Siempre he pensado que la política es, entre otras cosas, pensamiento y acción; pero ahora son tiempos de hechos, no de palabras, como decía el revolucionario mexicano que más admiro, el general Francisco J. Múgica.” – Andrés Manuel López Obrador

Las palabras de López Obrador vienen a cuento con una claridad casi mística: en política, lo que se piensa y lo que se hace rara vez coincide. Ahí aparece la figura de Fouché: sobreviviente de los días más convulsos de la Francia revolucionaria. La diferencia es sustancial: antes era un solo hombre; hoy son muchos y muchas los que navegan en esa ambigüedad.

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El Partido Verde Ecologista de México es, por decir lo menos, camaleónico. Ha sobrevivido a la llamada revolución de las conciencias con una plasticidad notable —y con menos pudor que el PT—. Ha sabido alinearse con el poder, ya sea con el PRI o con el nuevo oficialismo, adaptándose al discurso del momento sin mayor conflicto. Hoy, tanto el Verde como el PT muestran que la transformación también está llena de actores que no operan con lógica de proyecto, sino de cuota. No navegan: presionan. No construyen: negocian. Quieren más del pastel que representa el poder actual.

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La decisión del PT de bloquear la consulta de revocación de mandato, sumada a la molestia presidencial, abre una grieta evidente. Un sector de los llamados “puros” lleva tiempo esperando este momento. Si se lleva el argumento al límite, Morena podría quedarse sin pretextos: las desviaciones ya no vendrían solo de los aliados, sino del propio entramado interno. Porque esa ecuación —nunca exacta— está cada vez más condicionada por intereses de grupo. Ahí está el verdadero problema: el pulso interno del movimiento. Uno que comienza a tensarse más allá del discurso transformador.

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Para los electores, la disyuntiva parece clara en el discurso: castigar, vigilar, depurar. Pero la realidad es otra. Los acuerdos no desaparecen; se transforman. Persisten según las necesidades del momento. La política —el circo más antiguo del mundo— sigue funcionando bajo la lógica del estira y afloja. Con sus notables y destacados equilibristas.

Y ahí, como siempre, aparecen figuras que cambian según convenga. No por convicción, sino por supervivencia.

Al último y por último —pero nunca, nunca menos importante—:

En la lectura de Fouché, el genio tenebroso me dejó un poco inquieto, animado a seguir la lectura que se coloca casi interesante hasta el punto de no soltar, pues escribió manifiestos ideológicos que no sostuvo con las acciones, y de esos puede haber hoy; lo complejo es distinguir el coro de voces.


Sean Rabiosamente Felices...


Hasta el lunes de Gloria…


Alan Jiménez

23 Mar 2026

“La interpretación de nuestra realidad con esquemas ajenos solo contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solos.” — Gabriel García Márquez


En la semana comentábamos cómo algunos, en sus mentes, construyen y aceptan ideas que terminan por justificar el daño a otros. Los estadounidenses tienen ciertas manías sobre lo que representa América Latina, pero en ocasiones alcanzan niveles sumamente alarmantes. El caso más reciente se expresa a través de la embajada en la isla de Cuba, al solicitar al gobierno la importación de diésel. Bruno Rodríguez, canciller cubano, calificó la petición como “descarada”, pues resulta evidente que el bloqueo —o una forma aún más descarnada de guerra— ha llevado a la isla a enfrentar apagones eléctricos, a complicar la movilidad cotidiana y a detonar protestas que no necesariamente buscan un cambio de gobierno, sino condiciones mínimas de vida.

Entre las críticas reales está la ausencia de alternativas concretas para los cubanos. Literalmente, pareciera plantearse una disyuntiva de “socialismo o muerte”. Sin embargo, conviene matizar: no se trata de una inmolación derivada exclusivamente de un sistema mal diseñado o de una utopía fallida, sino del intento constante por descarrilar un proyecto histórico distinto, por aniquilar un modelo que desafía al de su vecino inmediato.

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Retomar esta lógica, así como la visión de Marco Rubio, resulta fundamental para comprender lo que ocurre. Sus padres se exiliaron de la Cuba de Batista, contexto que dio origen a la revolución triunfante, misma que ha resistido durante décadas los embates políticos y económicos del imperio. La existencia de un modelo latinoamericano cercano, distinto y persistente frente a una presión constante, representa una anomalía incómoda. Tal vez por ello, más que un fracaso interno absoluto —aunque errores los haya habido—, lo que predomina es el peso de un bloqueo sostenido sin disimulo. Ahí parece residir la distorsión de Rubio: en la mezcla de sus fobias ideológicas con el origen histórico de su propia narrativa familiar, una voz que además influye en decisiones políticas de alto nivel dentro del entorno de Trump.

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Trump, por su parte, encarna una vía ultraconservadora que coquetea con la idea de aniquilar uno de los últimos reductos sostenidos de la revolución socialista. Ese parece ser el horizonte de sus aspiraciones, compartido por los sectores más radicales que orbitan en torno a la administración MAGA, cuyas decisiones empujan al mundo hacia escenarios cada vez más inciertos y peligrosos. Resulta difícil suavizar el carácter de políticas que, en la práctica, pueden calificarse como irresponsables y, en ciertos casos, abiertamente agresivas.

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No habría que suavizar tampoco otras formas de impacto. El consumo desmedido —por ejemplo, de productos como el mezcal— traslada costos ecológicos a los países productores. Como en otros ámbitos, ese modelo de consumo termina por erosionar territorios, culturas y proyectos de vida. La destrucción no siempre es visible de inmediato, pero es constante. Defender lo propio se vuelve entonces una tarea ineludible.


Al último, y por último —pero nunca menos importante—:

Quizá también valga la pena pensar en visitar un paraíso  el próximo año: Medellín, la capital del libro, una de las ciudades latinoamericanas que han hecho de la lectura una celebración pública. No deja de ser curioso que esto ocurra en la Colombia de Gabriel García Márquez, nacido un 6 de marzo en Aracataca. Cien años después, la conmemoración se proyecta como una fiesta mundial de la lectura. La cita, para quien quiera agendarla, será el 23 de abril de 2027.


Sean rabiosamente felices…


Hasta pronto,


Alan Jiménez


16 Mar 2026

“Las mariposas no acuden a su arboleda. Más bien, los escorpiones de la traición anidan bajo sus alfombras y las abejas de la ambición acuden a su panal.” — Carlos Fuentes

La reforma electoral de la presidenta Claudia Sheinbaum representa una derrota importante para la narrativa de la derecha, pero también evidencia tensiones profundas en las alianzas tejidas con el Partido del Trabajo y el Partido Verde Ecologista de México. Quizá en otros lugares del mundo esto se llamaría consensos y acuerdos; aquí, en cambio, lo que hemos visto en los últimos días se asemeja más a una dinámica de presión política constante.

El PT y el PVEM no actúan únicamente como aliados circunstanciales, sino como socios con intereses propios que buscan influir en las decisiones “por el bien de la familia”, como en aquella película magistral, The Godfather, de Francis Ford Coppola. La presión ha girado en torno a la idea de que la reforma implicaría avanzar hacia un partido predominante, desplazando a las rémoras a su lugar natural, mientras estas negocian posiciones e influencia para seguir siendo relevantes.

El caso del Partido Verde resulta ilustrativo: nunca antes había acumulado tantos espacios. Mariana Boy Tamborrell encabeza la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente y, sin embargo, los resultados técnicos han sido cuestionados, como en el conflicto con Vulcan Materials Company por la explotación de caliza y el impacto ambiental en la península de Yucatán. La dificultad para hacer valer los intereses nacionales frente a los mercantiles confirma que la disputa no es solo política, sino también económica y estructural.

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En este contexto, la reforma difícilmente podía avanzar sin el respaldo de los aliados. Tras las declaraciones de la presidenta, puede interpretarse un intento por sacudirse esas presiones y avanzar en una agenda propia. Sin embargo, conviene ser realistas: la operación política heredada en las cámaras, encabezada por figuras como Ricardo Monreal y Adán Augusto López, no ha mostrado eficacia ni voluntad suficiente para construir mayorías estables. No se trata de doblegar a nadie, sino de comprender que las negociaciones parlamentarias responden también a intereses personales y a la colocación de cuadros cercanos en posiciones estratégicas.

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Otra lectura posible es que la reforma fallida haya servido para exhibir las presiones internas y los mecanismos de chantaje político que siguen operando. Estas tensiones podrían trasladarse ahora al interior del propio partido gobernante. La defensa pública de la postura presidencial por parte del diputado morenista Víctor Hugo Lobo evidencia que la pugna por el control no solo es externa, sino también interna. Permitir que los aliados frenen de manera permanente el proyecto transformador implicaría regresar a las lógicas del pasado.

Todo indica que el PT, con resistencias, y el Verde terminarán acompañando una versión alterna del proyecto presidencial: un plan B con mecanismos de control más moderados. La pregunta inevitable permanece abierta: ¿se impuso realmente la presión presidencial o simplemente se negoció una salida menos costosa para todos?

Al último y por último —pero nunca menos importante—:

El domingo 8 salí con un amigo a buscar algún libro, sin rumbo fijo. Tenía en mente una joya que había visto días antes, pero alguien más la encontró primero: Conversación en La Catedral, de Mario Vargas Llosa. En la búsqueda apareció otra sorpresa: Ada or Ardor, de Vladimir Nabokov. Él lo compró; yo recordé que aún tengo pendiente Lolita.

Durante la semana vi las dos versiones cinematográficas de Lolita: la de 1962, dirigida por Stanley Kubrick, y la de 1998. Son dos sensibilidades frente a una misma obsesión: el autoengaño de la mente humana y la facilidad con la que, en nombre de nuestras propias interpretaciones, podemos justificar monstruosidades.

Habrá que leerla con atención. El miércoles nos leemos en el Cuaderno de Doble Raya.


Sean rabiosamente felices…


Hasta pronto,


Alan Jiménez

9 Mar 2026

"El imperio, en su vejez, no aprende idiomas: los impone."

– Eduardo Galeano


Estados Unidos citó a buena parte de la derecha latinoamericana en funciones —y a uno próximo a asumir el cargo— a una cumbre contra el narcotráfico, ofreciendo "el poder de nuestras fuerzas armadas". Lo cual es curioso, pues México, Brasil y Colombia no fueron requeridos. Quizás porque no se comparte del todo la visión.

Lo curioso, a diferencia de hace algunos años, es que hoy la mayoría giró a la derecha, y México intenta mantener un proyecto de corte progresista. También que el pato Trump declaró: "No voy a estar aprendiendo su maldito idioma". Los diez invitados, en su mayoría, hablan español. La descortesía, como es costumbre. El sello sigue intacto. El freno, ¿cuándo ocurrirá para detener la catástrofe?

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Al interior de la mayoría política, se están mintiendo para definir a los candidatos a gobernadores o gobernadoras para el próximo año, así como a ediles, diputados federales y locales para la batalla intermedia de 2027. Haciendo una lista de buenos deseos, lo sabroso lo estaremos viendo en junio y cómo inicia la disputa por los encargos.

En Morena se espera al menos una fractura con las alianzas que dependen de intereses grupales y minoritarios de aquellos que están acostumbrados a vivir del erario —desde el verde camaleónico o a lo Fouché, y el no menos superviviente del sistema partidista, el del trabajo—.

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Las protestas en la Secretaría de Bienestar e Igualdad Social se dividen en dos, desde mi juicio:

El justo, por las demandas de insumos en los CAES —esos centros de atención múltiple en situación de riesgo— y la saturación de los mismos. Me parece legítima, desde la exigencia de las condiciones de las trabajadoras como para el público usuario. Si la vía es atenderlos, que sea de calidad.

El otro es un juego del sindicalismo extraviado que demanda la comodidad de un sector de la burocracia que simula trabajar y que es llamado a cumplir con su elemental obligación contractual, y no ocurre así. Exige flojera sin sentido. Puedo estar equivocado, pero esa es la disputa que aprecio.

Al último y por último —pero nunca, nunca menos importante—:

Comencé a leer Fouché, el genio tenebroso de Stefan Zweig. Es una obra de biografía interesante que, ya desde el inicio, puedes intuir de qué capacidad está hecho el hombre en cuestión. Me hizo recordar las palabras del semiólogo francés Roland Barthes sobre Michelet.


Sean rabiosamente felices…


Hasta pronto,

Alan Jiménez



2 Mar 2026

“Cortar una cabeza no mata al monstruo; lo enseña a tener más.” — Proverbio anónimo

Hace una semana, en Jalisco, el terror se desató. Los narcobloqueos florecieron con rapidez, todo porque había muerto el líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”. Un rostro visible que, tras la caída de figuras como Joaquín Guzmán Loera e Ismael Zambada García, parecía ser el último gran emblema.

Pero como en aquella historia griega de Hércules con la Hidra de Lerna, cortar una cabeza significa que nacen dos más. El poder oculto del narcotráfico lo absorbe todo, lo contagia todo, y nos arrastra al delirio colectivo, como vimos hace unos días.

La narrativa vuelve a ser la de hace algunos años: aplaudir y celebrar estas capturas como si fueran la prueba definitiva de las “convicciones” para fulminar a los cárteles. Pero es una estrategia fallida. No porque yo lo consigne así, sino porque sobran ejemplos de que las cosas han ocurrido de la misma manera: hoy un jefe pierde la vida, mañana otros afilan los cuchillos para ocupar su lugar. Las dinámicas parecen idénticas. Como cuando se enaltecían figuras policiacas que terminaron desmoronándose, como la del hoy preso Genaro García Luna.

Se habla ahora del “Batman” mexicano, de lo indispensable que sería para hacer de este país un lugar más seguro, más confiable, más fuerte ante las presiones externas y las dinámicas de Trump. Esa parece ser la narrativa: construir un nuevo súper policía de la 4T para encajar en ese relato. Ahí veo el riesgo de abdicar al cambio ideológico y sustancial por un pragmatismo descafeinado, más profundo aún de lo que se rechazaba en la pugna contra Marcelo Ebrard.

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Hablando de Marcelo, Mario Delgado, desde la Secretaría de Educación Pública, pretende reinstalar vínculos con editoriales que rompieron hace poco y que apostaron por el fracaso en la distribución de los libros de texto gratuitos. Aquella batalla parece haberse abandonado, y con ella parte de la transformación. La salida del director de materiales educativos implica la pérdida de un cuadro transformador relevante en una tarea profunda.

En Grandeza, Andrés Manuel López Obrador intenta dotar de sentido histórico a su proyecto; sin embargo, estos movimientos parecen un regreso a lo mismo. Un paso atrás en lo cultural y lo educativo, dimensiones cruciales para cualquier programa de izquierda que aspire a algo más que discurso.

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Cuba es amenazada, México es presionado, e Irán es bombardeado, con vidas civiles perdidas y el líder iraní como objetivo. La locura mundial no se detiene. No parece importar ningún sistema internacional, porque se concede demasiado a Trump y a su dupla desquiciante, Benjamin Netanyahu.


Al último y por último, pero nunca, nunca menos importante…

El libro Grandeza tiene aspectos curiosos, como la postura crítica hacia Charles Darwin, a quien se le atribuye una presunta fundación del racismo. Es una lectura discutible, pues Darwin también fue hijo de su tiempo, presionado por la Iglesia y por conservadurismos aún más férreos que los actuales. Al mismo tiempo, el autor concede equilibrio a otras figuras del pasado.

Esa sería, por ahora, mi crítica: una búsqueda de identidad cultural e histórica con fuertes valoraciones políticas. No obstante, resulta interesante su interpretación del Imperio mexica como clave para comprender disputas imperiales contemporáneas.


Sean rabiosamente felices…


Hasta pronto,

Alan Jiménez


23 Feb 2026

“No hay peor enemigo que el que fue amigo.” José Martí


Tengo una idea rondándome con acoso, pero implica la lectura de uno de los libros más grandes de Tolstói: Guerra y paz. Todo porque habla de una dicotomía: la revolución moralista y la revolución técnica que ejecutó León Trotsky, según el libro de Curzio Malaparte Técnicas de golpe de Estado. Pero para dar un punto de vista entendido y razonado me llevará tiempo, sin comprender mucho.

Para iniciar la exploración: la revolución tiene que ser violenta y fundamentada en una ideología para lograr la transformación, así como ocurrió la de Octubre de 1917. Y si ocurre como la moralización —entiendo a Tolstói—, pero es también a la mexicana, pues no ocurrió para cambiar el rumbo del país: fue más un cambio de personajes y dinámicas, como ya en otros momentos lo hemos expresado en este espacio o en el Cuaderno a Doble Raya.

Pero al menos ya compartí este acoso, que espero me ayuden.

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En la semana, también Julio Scherer dio una entrevista a Denisse Maerker. No sale mucho de lo declarado, pero al menos hay un momento digno de recordarse y que sirva para después. Denisse le dice que él habla mucho de que el poder cambia a los hombres; que le diga qué le hizo el poder a él.

Después de unos largos segundos de silencio, le dice —palabras más, palabras menos— que aborrece que no se hicieran las cosas como se debía, debido a esta situación de la lealtad sobre la capacidad. Pero también Julito le dice que decidieron, que ellos nombraron y ejecutaron muchas decisiones de estar trascendentales, lo que confirma que los encargos presidenciales eran de una confianza brutal.

También se habla de una crítica en los bandos de quienes ocuparon la disputa interna entre el pragmatismo político —al que pertenecía él— y el de la izquierda de las luchas, el que busca la transformación real y no el mero maquillaje.

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El libro de Grandeza de López Obrador tiene algunos detalles cuestionables, pues juzga a Darwin en el tiempo, sin comprender que en su momento fue revolucionario y cuestionada su aportación —quizás con un rasgo de racismo, pero es parte del tiempo, del contexto—.

El postulado político y su interpretación de la caída del Imperio Mexica me parece de lo más valioso que he leído, pues es también una conjura contra los imperialismos actuales: el norteamericano que se radicaliza pero que también tira línea a los sureños. Los tiempos de la paz están en riesgo, y no es exageración para nadie: Trump quiere darle vida al imperio.


Al último y por último —pero nunca, nunca menos importante—:

Voy a la mitad del camino de Grandeza. Alta literatura, dirán algunos. Pero seguirá Fouché, el genio tenebroso de Stefan Zweig, que le entraré después de algunos meses que me lo recomendaron.


Sean rabiosamente felices…


Hasta pronto,

Alan Jiménez


16 Feb 2026

“Los enemigos sí son de verdad; amigos de mentiras, enemigos de verdad. ¿Con quién hay que confiar ? Con el pueblo, solo el pueblo puede salvar al pueblo. Ustedes saben que suele pasar que en política los amigos son de mentiras o las lealtades famosas. Las lealtades que valen son las lealtades a las ideas, a los principios, a las causas que se defienden, a eso hay que ser leales.” Andrés Manuel López Obrador

El domingo pasado leía el adelanto que publicó Proceso sobre el libro de Julio Scherer Ibarra con Fernández Menéndez, Ni Venganza, Ni Perdón, el texto es una entrevista que realiza para colocar bastantes narrativas que la derecha ha impulsado para calificar al gobierno del expresidente Andrés Manuel López Obrador y el de la actual mandataria Claudia Sheinbaum, la clasificación es de Libelo, porque se dedica a denostar a varios de los integrantes del circulo más cercano en la administración pasada, se le ha dedicado bastantes análisis, y en gran medida la conversación gira sobre lo que se dice de las calificaciones al presidente, que no entiende de economía, que no entiende proceso jurídicos, que esto ultimo es una realidad, pues los abusos del consejero jurídico no hubiesen ocurrido si los comprendiera AMLO, y de eso habla Hernan Gomez en Traición en Palacio, donde delinea el modus operandi de Julio Scherer y hay otro Licencia para Robar, documentado del desfalco a Segalmex, la mancha del sexenio anterior dicho por el propio ex presidente. Ahí también aparece el nombre de Julio, pero ya veremos en que acaba este delirio, que de poco sirve, pues el hijo es actualmente diputado federal, el negocio político, en los tiempos de la izquierda gobernante.

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Pero me gustaría esta semana hablar un poco de cosas interesantes, que me han tenido ocupado, desde el inicio del año. Termine de leer Técnicas de Golpe de Estado de Curzio Malaparte es un libro interesante, porque si bien polemiza, describe el gran trabajo realizado por Leon Trotsky para el triunfo de la revolución de 1917, pues opero la maquinaria que capturo al estado, pero también aprovecho la lectura del momento, con convicción ideológica, la misma que se le volcara con el triunfo interno de Stalin. Que seria mejor leer Stalin de Leon Trosky, la revolución permanente, o a Gramsci que la distracción de lecturas que son chismes, no digo que no lo buscare pero hay cosas más interesantes.

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Que paso con lo de Venezuela, actualmente la presidenta en funciones Delcy Rodríguez ha concedido y cedido terreno político y narrativo al imperialismo yanqui, tanto que presionan a Cuba, que desde hace 60 años la a tratado de aniquilar con bloqueos, con aranceles para aniquilar la manera de boicot en las lógicas del capital mundial, pero habrá que aprender que la izquierda solo puede sobrevivir en conjunto en alianzas y en este momento podría darse una nueva, no la defensa individual como la que pretende Sheinbaum y Petro de manera exitosa pero con una mirada corta.

Al ultimo y por último pero nunca, nunca menos importante…

Grandeza es el libro más reciente de López Obrador, lo estaré empezando, espero contarles, aunque los invito a leer Fouche de Stefan, el ya mencionado de Trosky o algo ligero –“El diablo se llama trosky” hay mucho que revisar para comentar.

Por lo pronto.

Sean Rabiosamente felices…

Hasta Pronto,

Alan Jiménez

9 Feb 2026

“Contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano.” —Friedrich Schiller


Dicen que el narcotráfico y la narcopolítica en México son altamente preocupantes; que Adán Augusto es solapado por la presidenta Sheinbaum y que esa complicidad demuestra que Trump tiene razón y debe invadirnos. Esos son los análisis baratos que he escuchado, y al parecer algunos bienaventurados los han escrito.

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Yo creo que el tema de “la barredora” no está siendo juzgado en este momento —también creo que debe detenerse y juzgarse hasta las últimas consecuencias, no como en los viejos tiempos, sino realmente—, porque eso también es una realidad que ha salido a la luz. Se ha abordado el tema del alcalde de Tequila, Jalisco, y la red criminal que sostenía en su región; pero como él, han sido al menos 25 presidentes municipales, de todos colores y sabores.


El crimen ha carcomido la vida pública, y de ello hay variedad de lecturas y análisis bien fundamentados. Pero querer mezclar estas cosas con un llamado a la intervención es más un propósito burdo que serio.

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Yo creo que la salida de Adán de la coordinación del Senado obedece, en parte, a una salida decorosa por “la barredora”, pero también a las pifias políticas y a la resistencia frente a la presidenta: no ha dejado operar sin fricción, todo lo detiene como si fuera opositor, descafeína aún más las propuestas hasta decir basta.


Como Ricardo Monreal, que se ha vuelto indefendible en sus posiciones: no hay matiz, no hay mediación. Por eso se va uno, y se va a operar desde las sombras, donde difícilmente podremos calcular el daño realizado al interior, pues apenas sabremos qué hará y cómo operará una circunscripción clave, al concentrar dos de los padrones más grandes del país.


El mal no se anuncia: aletarga.

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Hablando de criminalidad y nota roja, la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, fue primera plana en algunos medios por haber invitado a un “pacto de silencio”. Y, por supuesto, los medios se ofendieron por sugerir esa coordinación.


Lo grave del error no fue el diálogo, sino no haberlo pactado en lo oscurito, como aquella Iniciativa México de 2011 con Felipe Calderón. Brugada salió a decir lo contrario: que era un diálogo abierto y plural, necesario y urgente. Ni negociación secreta ni linchamiento mediático. Claridad, no más. Eso es lo mínimo exigible a los medios de comunicación.

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Pero los errores también están en la Corte, que no es austera: camionetas de tres millones y un ministro presidente muy de pueblos originarios, muy de tradiciones, pero también de las viejas prácticas priistas —de esas donde todo se hace por uno—. Gestos pequeños, pero simbólicos, que prometieron desterrar. Congruencia entre dichos y hechos: basta comparar lo escrito en Twitter con lo visto en los videos.


Una Corte que dice transformar la vida pública, pero que sigue beneficiando a una minoría.


Al último y por último —pero nunca, nunca menos importante—:


Lo mejor del Superdomingo fue el medio tiempo. El Conejo Malo ofreció una presentación profundamente latina, para las Américas, de esas que hoy vuelven a ser objeto de cacería. Música tropical como resistencia cultural.


Sean rabiosamente felices.


Hasta pronto,

Alan Jiménez



2 Feb 2026

“Si Hitler invadiera el infierno, al menos yo haría una defensa del diablo en la Cámara de los Comunes.” —Winston Churchill


Claudia Sheinbaum tiene un dilema complicado, tanto que se dejó de enviar petróleo a Cuba; tanto si se habló o no, los hechos son esos. La presidenta está ante el dilema de seguir sosteniendo la no subordinación o tolerar los atropellos de Trump.

Aquí, hace una semana, decíamos que es importante cambiar la dinámica impuesta hasta ahora en la navegación exterior, pues si seguimos permitiendo que Trump nos haga —o nos deje de hacer—, será un problema mayúsculo: estaremos por completo a expensas de las bondades de la colonia en la que podríamos convertirnos frente a Norteamérica. Se sigue tratando con miedo, con temor, la refundación geopolítica que le está tocando enfrentar a la primera mujer presidenta, una decisión complicadísima. Pero en estos momentos de terror es cuando verdaderamente se definen quiénes son los grandes hombres y mujeres que cambian a las naciones y al mundo frente a nuestro bravucón.

Hoy hay que leer con mucha atención a autores del pasado; ellos dan contexto y pistas sobre por dónde puede ir la locura actual. Leer, por ejemplo, a John Reed y Los diez días que estremecieron al mundo permite una lectura cronológica de aquellos días; leer a Curzio Malaparte ayuda a entender, más o menos, la conceptualización de lo ocurrido hace un mes en Venezuela; leer a Gramsci es comprender que los sistemas se resisten a cambiar del todo y que aún no termina de nacer el “aborigen” norteamericano que permanecía en lo profundo.

Hablar de geopolítica es interesante, pero siempre me ha parecido algo lejano y aún más difícil de modificar. Un político digno de admiración es Winston Churchill, quien más que teorizar o interpretar, actuaba. Eso es lo que se debe hacer, y Claudia Sheinbaum puede ejecutarlo: es una mujer hábil, práctica y muy lúcida, y sobre todo cuenta con un respaldo popular indiscutible, como ya lo ha comprobado.


¿Qué detiene a Claudia?


Es una pregunta seria, honesta y sensata. ¿Qué le ocurre a la presidenta para no actuar, si es razonable asumir que no habrá diálogo ni atención civilizada? No hay despliegue posible con quien busca el control, con quien pretende subordinarlo todo para el bienestar de un pequeño club de blancos: un reducido grupo que crea invenciones delirantes, pero que asume como reales, y que incluso impulsa libros alineados con esa narrativa —como Golpe de Estado Invisible—, promovidos por el propio Trump y colocados como número uno en ventas en Amazon y The New York Times.

En lo interno, ya lo ha hecho —o lo comienza a hacer— al desplazar a Adán Augusto; habrá que esperar cuál será el destierro dorado del tabasqueño. Pero si al interior ya existe firmeza, al exterior y en la comunión mexicana esta debería ser inmediata y validada.


Al último y por último, pero nunca, nunca menos importante…

Diría un columnista de la prensa nacional: serpientes y escaleras caen y suben estas semanas. Lo importante es que hay vida en Palacio y comienza a reaccionar; la serenidad y la paciencia se disipan en tiempos que son estelares y que exigen acción.


Sean rabiosamente felices.

Hasta pronto,

Alan Jiménez


26 Jan 2026

“Era el último brindis, de un bohemio con una reina.”

– José Alfredo Jiménez


Hace tiempo me recomendaron ver Separación, una serie de Apple TV. La terminé de ver y fue muy distinta a como me la contaron. Me recordó, por momentos, a 1984 de George Orwell, sobre todo por el final; aunque es otra cosa.

No porque ante la opresión, la vigilancia y el control se opte por el retorno, sino porque aquí coexiste un amor distinto: el de la vida exterior y el de la vida interior, la existencia bifurcada de un sujeto. Una historia con matices que vale la pena ver, aunque sea para distraer un poco la mente de esta locura colectiva que hoy impulsa Donald Trump.


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Hace diez años, Trump irrumpía en la política norteamericana. Los medios intentaban matizarlo, minimizarlo, convencidos de que su llegada a la Casa Blanca era inviable mientras se centraban en la posibilidad histórica de Hillary Clinton. No llegó ese momento.

En cambio, llegaron las locuras del emperador norteamericano: un sujeto con deslizamientos constantes hacia la oscuridad. En los últimos días lo hemos visto con claridad: la separación no es solo una serie, es una condición mental del ocupante de la Casa Blanca.

Nos gana el impulso de que la realidad se ajuste a los deseos y elucubraciones de un solo hombre, animadas por intereses particulares. No solo opositores latinoamericanos: también hombres poderosos de América Latina y Europa se someten, dejando que la locura marque el ritmo.

Venimos de ahí, de un mundo que arrasa a su paso y al que nadie se opone con una alternativa clara. Ni siquiera la izquierda de la 4T, que tiene una oportunidad invaluable en este reacomodo de las cartas, y prefiere seguir bajo la tutela de los gringos. Se habla del sur global y de América Latina, pero se insiste en la inercia.

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Nada se puede hacer con oportunidades perdidas.

El contexto invita a pensar que este país puede ser otro, como en aquel momento histórico de Lázaro Cárdenas y la expropiación petrolera de 1938, cuando una coyuntura global adversa abrió la posibilidad de una decisión soberana.

De muy poco sirve dominar, controlar y ambicionar cuando los errores —por el clima o por cualquier otra circunstancia— pueden dejarte fuera de la jugada, como a los Broncos frente a Nueva Inglaterra.


Al último y por último —pero nunca, nunca menos importante—:

Diría José Alfredo: “Le diré a la gente que no nos conocimos y escogeré el peor de los caminos”. Hubiese cumplido 100 años el hijo del pueblo; se fue pronto, pero aún seguimos cantando copa tras copa sus canciones.

Que, si no son las series, que sea el licor quien cure estas heridas continuas y delirantes del mundo.


No sean rabiosamente felices...

Que, si no son las series, sea el licor quien cure estas heridas continuas y delirantes del mundo.

Hasta pronto,

Alan Jiménez



19 Jan 2026

“La batalla política es, antes que nada, una batalla por el relato.”

—Atribuida a Walter Lippmann

 

Reviso con regularidad los jueves el programa de Sabina Berman en Canal Once, casi siempre después, en YouTube. El promocional de Eduardo Verástegui no me interesó; las voces ultras están lejos de mis prioridades. Pero, fiel a mi estilo contracorriente, terminé viéndolo cuando supe que la entrevista no sería transmitida ni por Canal 11 ni por Canal 14.

La decisión fue tomada por Lenin Martell, defensor de las audiencias, quien optó por bajar el programa bajo el argumento de que violentaba los derechos de comunidades. Así lo explicó días después en entrevista con Julio Astillero: un posicionamiento breve, flojo y elusivo, con notable habilidad para esquivar preguntas concretas.

El efecto fue inmediato y previsible. La censura le otorgó a Verástegui aquello que no había conseguido por mérito propio: visibilidad, centralidad y la narrativa del perseguido. Un medio público que presume pluralidad terminó haciendo exactamente lo contrario: no exhibió al personaje, se exhibió a sí mismo.

Este tipo de decisiones no son aisladas. Responden a errores tácticos recurrentes de una izquierda que, en algunas de sus versiones, confunde el cuidado de las audiencias con el control del discurso. Se anuncia el desmantelamiento de viejas estructuras represivas y, días después, se normalizan cercos y contenciones. Se habla de conciencia colectiva, pero rara vez se aclara quién la define.

En la entrevista, el lenguaje y las ideas de Verástegui revelan a un personaje anclado en un mundo en retirada. Un “abuelo” político que representa valores que intentan extinguirse, pero que aún movilizan resistencias profundas. Precisamente por eso, esas ideas no deben ser suprimidas, sino confrontadas en el espacio público, con preguntas claras y sin concesiones. De otro modo, no hay debate: hay victimización rentable.

Mientras aquí se regalan narrativas por omisión, la derecha opera con mayor precisión fuera del país. Esa misma semana, Corina Machado viajó a la Casa Blanca para entregar el Premio Nobel de la Paz a Donald Trump, el mismo que días antes había cuestionado su legitimidad política. El episodio deja al descubierto el desgaste del relato mediático dominante y la fragilidad de sus certezas.

Quizá, cuando bajen las aguas y se disipe el delirio inicial, descubramos —una vez más— que el relato no coincidía con los hechos y que los intereses estaban a la vista desde el principio.

Al Último y Por Último pero nunca, nunca menos importante…

Como telón de fondo de estos días convulsos, vuelvo a Diez días que estremecieron al mundo, de John Reed. Diez días bastan para ordenar o desordenar la historia. Y, como siempre, todo empieza por quién logra imponer el relato.

 

Sean rabiosamente felices.

 

Hasta pronto,

Alan Jiménez

 


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