COLUMNA
A mi abuelo, donde sea que esté, en su cumpleaños terrenal.
Los mexicanos tenemos un corazón lleno de sufrimiento, de penas que parecen desgarrarnos el alma. Más allá del mexicano que describió Octavio Paz en El laberinto de la soledad, encerrado entre máscaras y silencios, Juan Gabriel terminó por convertirse en un pivote que descolocó a buena parte del país. Acudiéramos o no a sus conciertos, sus canciones liberaban algo que muchos llevaban contenido.
Hay una de ellas que nunca ha sido de mis favoritas, pero la he escuchado infinidad de veces. Dice:
¿Por qué me haces llorar
Y te burlas de mí,
Si sabes tú muy bien
Que yo no sé sufrir?
Es el drama llevado al extremo. No hay medias tintas. Y, en cierto sentido, así nos hemos vuelto los mexicanos. Para muestra, basta otra estrofa:
Yo me voy a emborrachar
A no saber de mí,
Que sepan que hoy tomé
Y que hoy me emborraché
Por ti.
Ese “por ti” termina siendo casi un himno nacional. El melodrama atraviesa buena parte de nuestra cultura.
Carlos Monsiváis, de cuya muerte se cumplieron ya dieciséis años, escribió una frase memorable: “El cine mexicano inventó a los mexicanos, y luego los mexicanos intentaron parecerse a su cine.” El postureo, la exageración emocional y la necesidad de convertirlo todo en una epopeya forman parte de esa identidad que aprendimos en la pantalla.
Por eso, después de la victoria frente a Corea del Sur, muchos comenzaron a repetir el inevitable: ”¿Y si sí?”.
Pero ese “y si sí” solo dejará de ser un recurso melodramático cuando existan estructuras deportivas sólidas, un proyecto de largo plazo, mejores futbolistas y una idea de juego clara. No bastan los golpes de suerte ni los sueños alimentados por una victoria aislada.
El fútbol mexicano, además, vive de figuras en retirada y de jugadores extranjeros que llegan cuando sus mejores años han quedado atrás. Tampoco se trabaja con paciencia a los relevos. Ahí está la insistencia por recuperar a Guillermo Ochoa: su experiencia es indiscutible, pero tarde o temprano habrá que dejar que otra generación se equivoque, aprenda y crezca.
No se construye un mejor fútbol viviendo de la nostalgia ni de las urgencias del mercado. Se construye formando jugadores antes que marcas.
Porque ese eterno “¿y si sí?” también es cine. Y, como en las mejores películas mexicanas, el melodrama suele emocionarnos mucho más de lo que nos ayuda a cambiar la realidad.
Jorge Valdano, decía en un programa de esos que no debemos ver (la verdad es de lo mejor que hay en esa televisora) que los mexicanos habían salido porque lo inaccesible del estadio lo compensaba el estallido callejero de lo mínimo, quizás tenga razón y ahí habrá que analizarlo desde la marginación en nuestro centro.
Sean Rabiosamente Felices...
Hasta Pronto,
Alan Jiménez
"El poder no se discute: se ejerce o se padece." — Marguerite Yourcenar
El domingo, la presidenta Claudia Sheinbaum, desde el Monumento a la Revolución, declaró de manera contundente un principio de defensa de la soberanía nacional frente al injerencismo estadounidense. Fue una pequeña muestra de aquello que durante años pidió un sector de la izquierda más radical y que, finalmente, se expresó desde la Presidencia.
Sin embargo, el lunes la postura comenzó a matizarse. No todo es culpa de Trump ni todo lo malo de la relación bilateral depende exclusivamente de la voluntad del pato naranja.
La presidenta confrontó y lanzó algunos golpes discursivos, pero después —ya fuera por cálculo político o por prudencia diplomática— reculó parcialmente y quedó a la espera de la respuesta estadounidense. Esta llegó a través de declaraciones de funcionarios de seguridad que insistieron en que México seguía cooperando y que la colaboración continuaba, aunque guardando las formas discursivas, tal como ocurrió durante el gobierno de López Obrador.
El propio López Obrador apareció durante la semana mediante una carta en la que relata parte de su experiencia con un Trump distinto al actual. El maestro de la política mexicana, el redentor de la patria salió a respaldar a la presidenta. Dijo que había actuado bien y que había resistido adecuadamente las presiones.
También recordó los momentos de tensión con Washington y el episodio del general Salvador Cienfuegos, quizá uno de los casos más controvertidos de la relación bilateral reciente. Fue la ocasión en que el gobierno mexicano presionó para lograr el regreso del militar al país, una decisión que abrió muchas preguntas sobre el peso político de las Fuerzas Armadas y sobre los acuerdos reales entre ambos gobiernos.
A veces queda la impresión de que el Ejército, más que la propia presidenta o el expresidente, mantiene canales de coordinación y cooperación cuya profundidad desconocemos. Relaciones que permanecen lejos del escrutinio ciudadano y que obligan a preguntarnos cuánto sabemos realmente sobre la forma en que se ejerce el poder entre ambos lados del Río Bravo.
Al último y por último -pero nunca, nunca menos importante...-
Los maestros de la CNTE están verdaderamente atrapados entre una izquierda que muchas veces no los comprende y una derecha que busca montarse sobre una lucha histórica que no le pertenece.
Se les acusa de pedir siempre más, pero existe un problema de origen: durante años se prometió la derogación de la reforma de pensiones de 2007 impulsada por Calderón. Hoy el argumento es que no hay recursos suficientes para cumplir plenamente esa promesa.
Mientras tanto, las pensiones del bienestar avanzan como política social, pero no sustituyen la discusión de fondo sobre los derechos laborales construidos a lo largo de décadas de servicio. La respuesta más fácil ha sido descalificar a los maestros o pedir que se les “dé en la madre”. Memoria corta y argumentos cortos.
La discusión de fondo sigue pendiente.
Sean rabiosamente felices…
Hasta pronto,
Alan Jiménez
"El poder no se discute: se ejerce o se padece." — Marguerite Yourcenar
Hace algunos años se decía desde la izquierda que no se viera Televisa, tampoco TV Azteca. Incluso recuerdo haber portado una playera que decía "Teidiotiza", y había otra de "TV Azteca de apendeja". Seguramente fueron aquellos momentos estelares del peñanietismo, por allá de 2012.
Que lo popular lo declarara era parte de la conciencia política de ese momento. Las líneas del titiritero se veían y se denunciaban, aunque fuera con esas playeras para no caer en el duopolio televisivo, todavía dominante en sus últimos momentos de mayor control. Sin embargo, con el boom de las redes sociales, ese poder comenzó a menguar.
La más golpeada sería Televisa. Ha tenido revoluciones internas tanto financieras como en sus barras de opinión, deportivas y noticiosas. Han intentado mejorar; que les alcance es otra cosa, pero lo han intentado y, en cierto sentido, sí han cambiado. Al menos para la 4T el trato ha sido leve, livianito. No así con la empresa de Ricardo Salinas Pliego.
Además de ser un empresario con deudas al fisco y que ha intentado burlar leyes y cobros, se ha impulsado y abanderado dentro de una derecha cada vez más radical; quizá porque su propio linaje empresarial le mostró desde antes cierto mecenazgo hacia esa radicalidad.
TV Azteca hoy tiene una programación abiertamente facha, ridículamente opositora al gobierno actual. Aunque, como ironizaba en la semana el periodista Julio Hernández López en su programa, si la pelea no se hubiera enardecido, probablemente hoy sería "del bienestar", como ocurrió en un principio con la difusión de las pensiones para adultos mayores.
Volviendo a la programación: uno puede ver la hiel y la constante consigna de descalificar a todo el movimiento de izquierda que hoy gobierna. Sin embargo, aunque desde la presidencia se señale ahora que no se vea cierta televisora —y aunque podamos coincidir parcialmente—, me parece peligrosa la declaración si implica que una mandataria seleccione qué sí y qué no debe consumirse, soltando además una andanada de seguidores que secundan esa línea.
Como ella misma lo dijo, no está ocupando al Estado para presionar con quitar la concesión ni intentando mover a un periodista en particular. También es cierto que el conflicto actual apunta más hacia las cabezas corporativas; eso puede ser una buena señal considerando la historia pasada, pero sigue siendo delicado para la construcción democrática.
No es que quiera ser más puro que el agua o más diáfano; es que a veces conviene detenerse y preguntarnos si esto realmente nos servirá para construir aquello que queremos en esa patria nueva que se sueña.
Por eso sí es diferente a los casos de José Gutiérrez Vivó con Vicente Fox, o al de Carmen Aristegui con Felipe Calderón, e incluso distinto al conflicto de Peña con Aristegui, aunque habría que distinguir el viejo oficio político priista que terminó marginándola.
Las decisiones editoriales actuales ya les han cobrado buena parte de la factura, porque yo creía —desde cierta ingenuidad rousseauniana— que las personas somos buenas, pero nos corrompemos.
El periodismo debe aspirar a ser lo más neutral y objetivo posible, aunque siempre exista una pasión que termina ganándonos, para fortuna o desdicha individual.
Al último y por último -pero nunca, nunca menos importante...-
Otra radiodifusora que empezaba a convertirse “del bienestar” era Grupo Radio Centro, origen masivo de periodistas como Alejandro Páez Varela, Álvaro Delgado Gómez y del propio Julio Hernández López, quienes tienen sus matices, aunque personalmente prefiero al segundo.
Menciono esto porque empecé a leer Rescoldo, de Antonio Estrada, considerada por Juan Rulfo como una de las cinco grandes novelas mexicanas. Muy facha por su cercanía con los sinarquistas; más facha todavía porque la editorial la fundó Manuel Gómez Morin.
Así que, si no tomo las armas en nombre de Cristo Rey, estaré de vuelta pronto.
Por Último...
Ayer en el monumento a la Revolución hay una definición clara de México ante Estados Unidos y la injerencia, que sea declarado por la presidenta deja un camino evidente de la defensa de los intereses nacionales.
Sean rabiosamente felices…
Hasta pronto,
Alan Jiménez
AJOLOTIZAR
“Las ciudades tienen la capacidad de proporcionar algo para todos, solo porque y solo cuando son creadas por todos." — Jane Jacobs
La 4ta en la ciudad tuvo un riesgo para derechizar su narrativa, ponderar la seguridad, sobre todo. Si bien es cierto la seguridad es fundamental es un elemento, pero no la guía o el fin. Por eso más utopías, menos policías era un eslogan y se va construyendo en la ciudad.
****
Mas allá del lila o morado, el color es un signo político de Clara Brugada, en Iztapalapa florecieron en bardas, escuelas y en los caminos seguros esos tonos para recuperar el espacio público. Ahora para “los niños bien” ese sentido es horrible y de mal gusto, porque la ciudad debe ser funcional y óptima para los fines lucrativos, no para las personas, a eso le apuesta el paseo elevado, la ciclovía de Tlalpan, las audiencias ciudadanas de los martes y los jueves de casa por casa, acercarse, escuchar de viva voz a la gente que habita y resiste esta capital que te devora.
****
Por qué la pintura si fuera morada, café o guinda molestaría, diría ese filosofo priista de copete “ningún chile les embona”, además de eso han escrito ya mucho y si ya gastaron tiempo en su lectura reconocerán la beta de la lejanía, de padecer lo que critican, no seré yo un defensor férreo, pero el uso casi diario de la línea 2 del metro, los traslados van de los 16 minutos o en ocasiones menos de Pino Suarez a Portales o Nativitas, hoy cerradas pero con alternativas como Ermita o Villa de Cortes, por eso también opte por lo que ya había compartido aquí también, la idea de utilizar la ciclovía que ayuda bastante pero no soluciona todo, faltara siempre algo, pero como habitantes requerimos de educación vial para tomar una bicicleta, un auto, una moto de gasolina o eléctrica, o cualquier transporte de ruedas, pues no comprendemos ni ponemos de nuestra empatía para los otros, siempre buscamos la comodidad para lo que nos toque ese día.
****
La ciudad se está transformado por un proyecto político importante y también empujado por una obligación de ser sede de la copa del mundo de futbol, por eso el metro se renueva con celeridad, el negocio por encima del proyecto.
Es una aventura de presiones, negocios y voluntades lo impulsa una mujer que tiene mi admiración, quizás debo reconocer que hablar de Clara Brugada tendrá defensa de mi parte, porque creo que esta ciudad no podía tener otro proyecto, porque esas utopías de las que ya hablamos son otra forma de cambiar. La movilidad también lo tiene y la cercanía y eso no es ajolotizar, se pinta, pero no se protege, porque proteger implicaría un cambio profundo en las visitas del turismo a Xochimilco, ¿estaremos dispuestos a cambiar nuestra relación con ese sitio?
Porque, nuestras visitas contaminantes son parte importante de eso y no será ni Brugada, ni ninguna administración la responsable.
Así que ajoloticemos sí, pero asumiendo la responsabilidad y su impacto economico, por el ecosistema natural...
Transformar la ciudad implica ceder, resistir en colectivo.
Al último y, por último —pero nunca menos importante—....
Un domingo en la alameda o un domingo en museo de arte, ayuda bastante, nunca había visto un diego o una Frida tan de cerca, ni a una Remedios Varo, son estilos artísticos diferentes pero que pueden disfrutar, por eso es importante también que se conserven en museos de la Ciudad, también es la primera vez (mea culpa) que asisto a este museo que le falta infraestructura. En fin, lo importante es conocer como la multitud que gratamente hacia lo mismo el domingo pasado.
Sean rabiosamente felices…
Hasta pronto,
Alan Jiménez
“El misterio de las cosas, ¿dónde está? ¿Dónde está él que no aparece por lo menos para mostrarnos que es misterio?” — Fernando Pessoa
Decían que las acusaciones contra Rubén Rocha Moya son calumnias y que la derecha fascista y reaccionaria quiere descarrilar al movimiento de la 4T. El mismo gobernador con licencia lo hizo saber: era —o es— un ataque contra él y contra su movimiento. Se entiende que sea visto así, porque en estos tiempos la narrativa política parece una disputa de sordos: oyen, pero no escuchan. No escuchan ni entienden que existen matices y que no todo puede reducirse a una conspiración o a un ataque coordinado.
Por ejemplo, el discurso de Morena contra María Eugenia Campos por permitir la operación de agentes extranjeros junto a la policía estatal fue presentado como traición a la patria. Esa cantaleta terminó desplazándose hacia Rocha Moya, aunque conviene señalar algo importante: la violación de la soberanía nacional no es lo mismo que una acusación por narcotráfico. Lo curioso es que ambos casos se dimensionan con la misma fiereza por bandos opuestos.
Imaginemos, entonces, que en este tablero alguien movió un alfil para impedir el jaque mate. En México la CIA y otras agencias operan con una libertad que muchas veces violenta las propias reglas del discurso soberanista. Y de eso sabemos muy poco. Lo de Chihuahua salió a la luz porque murieron agentes en un accidente; de no haber ocurrido, probablemente nada se habría sabido. Aunque la seguridad nacional es facultad de la federación, los estados también poseen márgenes de operación que les permiten actuar con relativa autonomía. Se hacen pactos con agencias extranjeras, con narcotraficantes y con actores que responden a sus propias lógicas.
Algo parecido a lo que muestra La ley de Herodes: un político que modifica la Constitución según su conveniencia. Eso parece seguir ocurriendo en todos los partidos y gobiernos. No es exclusivo de un color político. Es parte del sistema mexicano.
Cuando izquierda y derecha disputan el poder, ambos bandos tienen cuentas pendientes. La izquierda defendió a muerte al exsecretario Salvador Cienfuegos, demostrando que la voluntad política y la presión militar pueden mover montañas. La derecha, por su parte, protege negocios y personajes hasta su caída. Ahí están los casos de Genaro García Luna o Acosta Chaparro.
Y mientras tanto, dentro de la propia 4T aparecen nuevos operadores que hoy son considerados piezas estratégicas en materia de seguridad. Escribo esto, sin embargo, con una duda legítima: no sé si describo una realidad o si termino cayendo también en el panfleto.
El verdadero fantasma que recorre el país parece ser el propio sistema. México funciona como una suma de pequeños países llamados estados, atravesados por intereses políticos, económicos y criminales que rara vez desaparecen; apenas cambian de rostro. La voluntad política puede modificar algunas cosas, sí, pero las estructuras económicas y criminales permanecen intactas. Corrompen, estrangulan y terminan absorbiendo cualquier intento de transformación profunda. Quizá algún día llegue el ciclo histórico que obligue a una ruptura real. Por ahora, apenas queda resistir a los intereses y exhibir el cinismo de los poderosos.
Al último y por último —pero nunca menos importante—....
México, con X, es también un país golpeado, ofendido y saqueado por imperios internos y extranjeros que siguen disputando el control de la vida pública. Por eso hablar de la conquista no debería parecer un tema rancio. En algo tenía razón Andrés Manuel López Obrador cuando insistía en la necesidad del perdón histórico, aunque también sostengo que ese perdón jamás llegará plenamente. Porque la conquista no fue amor: fue sangre, fuego y codicia. Después vino la mezcla. Olvidamos lenguas, costumbres y formas de entender el mundo. Cedimos al español y a la herencia colonial, pero también resistimos. Quizá por eso la cocina mexicana sea una de las mejores expresiones de nuestra contradicción histórica: mezcla, adaptación y resistencia al mismo tiempo.
Sean rabiosamente felices…
Hasta pronto,
Alan Jiménez
En la semana tuve una conversación que, aunque empezó como algo cotidiano, terminó tocando el nervio de lo político: el sindicalismo mal entendido. Ese que se presenta como defensa absoluta de derechos, que en la práctica puede derivar en la anulación de las obligaciones laborales y en la distancia cada vez más cómoda entre lo que se dice y lo que se hace.
No es un asunto menor. Porque ahí, en esa contradicción, se juega una parte importante de la vida laboral en este país: la idea de que el derecho es exigencia, pero la responsabilidad es opcional.
Yo hablo desde una posición concreta, no desde la abstracción. Soy trabajador de gobierno, con un salario que apenas rebasa lo básico, viviendo al mes, con jornadas amplias que se repiten como destino más que como elección. Y con una certeza incómoda: trabajaré hasta el final de mis días, porque la jubilación, en los hechos, dejó de ser una promesa para convertirse en una ficción administrativa.
Quizá, si todo sale “bien”, a los 65 habrá algún apoyo social. Pero no una jubilación digna que reconozca los mejores años de vida laboral entregados al sistema.
Esa es una trampa que no puede leerse solo como error técnico. Es estructural. Y también política. Porque se nos vendió como modernización lo que en realidad fue una forma de desplazar el riesgo hacia el trabajador, disfrazado de libertad individual.
Pero hay otra trampa que corre en paralelo: la falta de conciencia de clase. No hablo de una consigna vacía, sino de una incapacidad real —y generalizada— de reconocernos como trabajadores dentro de un sistema que nos organiza, nos limita y nos sustituye sin miramientos.
Esa ausencia de conciencia no solo debilita la organización colectiva; también normaliza la precariedad. Y lo que debería ser demanda se convierte en resignación.
Hoy se habla poco de organización y mucho de adaptación. Se confunde estabilidad con conformismo. Y en ese proceso, incluso algunos excesos del pasado sindical —sus deformaciones, sus privilegios, sus desvíos— se usan como excusa para justificar la ausencia total de defensa colectiva.
No se trata de nostalgia. No hay romanticismo en ello. Pero sí una constatación incómoda: en nombre de corregir lo que estaba mal, también se desmanteló lo que funcionaba para las mayorías.
El resultado es una clase trabajadora fragmentada, muchas veces sin lenguaje común para nombrar su propia precariedad. Y lo más grave: con la tendencia a hablar como si fuera parte del mundo que la explota, como si el problema fuera del otro, nunca propio.
En ese contexto, el 1° de mayo debería ser algo más que una fecha simbólica. Debería ser memoria activa. Recordatorio de que los derechos laborales no fueron concesión, sino conquista en condiciones mucho más adversas que las actuales.
Hoy, sin embargo, esa memoria se diluye entre la rutina, el cansancio y la idea peligrosa de que “así son las cosas”.
Pero las cosas no “son así”. Se sostienen así.
Y se sostienen, entre otras razones, porque la capacidad de organización se ha debilitado. No porque no sea necesaria —lo es más que nunca— sino porque se ha sustituido por una mezcla de individualismo, desgaste y una falsa sensación de que el sistema, de algún modo, sigue siendo benigno.
No lo es.
Y si algo enseña la historia del trabajo es que cuando la clase trabajadora pierde capacidad de organización, no gana estabilidad: pierde derechos.
Por eso no se trata de fundar sindicatos por inercia, ni de repetir consignas vacías. Se trata de algo más difícil: recuperar una conciencia que permita exigir mejores condiciones sin renunciar a la responsabilidad, y defender derechos sin convertirlos en excusa.
Porque entre el abuso, la precariedad y la indiferencia, lo que se va perdiendo no es solo el trabajo digno: es la idea misma de que merece ser defendido.
Al Último y Por Último, pero Nunca, Nunca Menos Importante…
Quizá por eso sigue siendo necesario volver a Eduardo Galeano y a sus “nadies”: esos que sostienen el mundo, pero rara vez aparecen en él. O recordar a Julio Ramón Ribeyro y “Los cautivos”, porque a veces la precariedad también funciona así: como un encierro cómodo, lento, silencioso, del que dejamos de intentar escapar.
Sean Rabiosamente felices…
Hasta Pronto,
Alan Jimenez
Ascender no debería dejar huellas de caída ajena.
A Jaco en su cumpleaños.
La lección debe ser clara para todos. Como acto legítimo del ascenso de cualquier persona o grupo, debe tener la humildad de no excederse. Si se planteó cambiar las bases y hacer algo diferente, para la riqueza —dicen— todo vemos negro. Concedo que se ha fortalecido el Estado. Pero en otras, en la mayoría, se ha dejado que la dinámica sea el signo del pasado, que nos guíe el monstruo de Hobbes.
****
Si la reforma al Poder Judicial no hubiese pasado, la Suprema Corte de Justicia estaría dominada también ahora por los morenistas. Por el presente "democrático" o por la captura del sistema.
Lo que ha pasado en el INE es como Eclesiastés: "Todas las cosas tienen su tiempo, y todo lo que hay debajo del cielo pasa en el término que se le ha prescrito". La muerte del viejo régimen y el nacimiento de la captura morenista, cargando los dados hacia donde está el dominio. Es decir, no es ADN nuevo. Es transfusión.
****
Si antes las manos nos ahorcaban, ahora son las nuestras quienes asfixian a la democracia.
Y bien dirían algunos, aferrados a los significados, que la democracia viene del griego dēmos (pueblo o ciudadanos) y krátos (poder o gobierno). Etimológicamente significa "el poder del pueblo" o "gobierno del pueblo".
Pero es moldeable, según también lo pensemos desde la novela 1984 de George Orwell, quien plantea que desde el lenguaje de la neolengua se transfiguran los intereses de quienes gobiernan y ostentan el gobierno para sus intereses. Son los tiempos de la redención, pero también los plazos aplastantes del Estado mexicano —esos que no repetiríamos, esos que eran un solo recuerdo del pasado.
Al último y por último —pero nunca, nunca menos importante—:
Algo simplista, guardando las proporciones, está en la narrativa electoral. Maru Campos, la gobernadora panista de Chihuahua, ha estado en la agenda nacional porque no informó sobre los movimientos de agentes extranjeros en coordinación con la policía estatal. Se informó porque murieron dos agentes —presuntamente de la CIA— y otros dos mexicanos, uno casualmente con los mismos apellidos del finado "Mencho".
La discusión política busca juzgar a los vende patrias de la derecha y a las buenas intenciones de los progresistas. Son batallas por la narración. El punto es que hay agentes en territorio mexicano.La única diferencia —y eso por el caso del general Cienfuegos— es que se les pidió rindieran un informe a la Cancillería mexicana por parte del consulado mexicano. Ni dramaticemos lo que en el Estado el progresismo no elimina, si no administra.
Sean rabiosamente coherentes…
Hasta pronto,
Alan Jiménez
“El arte debe ser como el pan: para todos.”
— Rufino Tamayo
La Noche Estrellada de Van Gogh es una obra de arte que no fue vendida en vida por el artista, tiempo después su familia la vendió a un coleccionista de artistas holandeses, posteriormente en 1941 llegó al Museo de Arte Moderno de Nueva York. La pieza, reproducida en múltiples objetos, establece un lucro mercantil. Si bien en el fondo, casi inexplorado, es que esa pieza transmite una fugacidad del tiempo, de una noche que jamás volveremos a ver. Se difumina, se extravía.
****
En México, la colección conocida ahora como Gelman-Santander tiene algunas obras consideradas Monumento Artístico, al menos las de Diego Rivera y Frida Kahlo. Pero también esa misma colección incluye nombres como José Clemente Orozco, Rufino Tamayo, María Izquierdo, Ángel Zárraga, David Alfaro Siqueiros, Gunther Gerzso y Francisco Toledo. Su tramitología otorgó beneficios a los privados para tener la facilidad de que, de aquí a 2030, se vaya a España y desde allí viaje indefinidamente por el mundo. No hemos visto que un Van Gogh o un Goya viajen con esa facilidad. Los mexicanos padecemos en todos los ámbitos que con dinero baila el perro.
Las leyes se tuercen. En las garras del mercado libre y salvaje se juega también con la integridad de las piezas pictóricas. Se sabe que Jacques y Natasha Gelman querían que la colección se quedara en México. Se presentó una oferta al gobierno de México y este simplemente abdicó. Santander actuó. En estos tiempos de redención, nada se ha hecho por la cultura y el arte que pueda ser transformador al acercar al pueblo estas obras que difícilmente volveremos a ver, y que habrá que disfrutar hasta el 17 de mayo en el Museo de Arte Moderno de nuestro país.
Al último y por último —pero nunca, nunca menos importante—:
El país enfrenta cambios, pero los enfrenta con miradas poco transparentes que permiten seguir pensando que todo cambia, que todo se transforma y todo sigue igual. Pero es también por falta de valorar que no todo puede ser en esta falsa narrativa de la alta y la baja cultura. Si hoy se es Estado y se pueden adquirir piezas valiosas de los artistas nacionales, no debemos, por falsas telarañas progresistas, dejar de acceder a ellas. Se pacta ahora. O se intenta cambiar la perspectiva del fracking —ese mismo que no se permitiría—, pero hoy se presenta con otro vestido, como la mona de seda. El arte de hacer malabares lo dejo para los experimentados y redentores defensores de que vivimos los tiempos estelares del mundo, mundial.
Sean rabiosamente artistas de la vida...
Hasta pronto,
Alan Jiménez
Nunca he asistido a una función de lucha libre. Las he visto en la televisión: el griterío, la euforia, ese impulso colectivo de tomar al rival y vencerlo. Me imagino que en la arena todo se intensifica.
Algo parecido —aunque en otro terreno— ocurrió aquel 24 de octubre de 2023, en un evento de unidad por la candidatura de la Ciudad de México. El grito de “Utopías” fue unísono: un acto mínimo de resistencia frente a la maquinaria que se movía en favor del policía.
****
Hoy, a dos años de aquella pasión —y tras condicionamientos y acuerdos políticos que dejaremos fuera—, la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, ha inaugurado la primera UTOPÍA fuera de Iztapalapa.
Se ubica en la Magdalena Mixiuhca, en Iztacalco, entre Puebla y Ciudad Deportiva (Línea 9 del Metro). No es solo infraestructura: es una apuesta por la vida en común.
Hay de todo: minigolf, pista BMX, go karts, caja de bateo —cerca del parque Alfredo Harp Helú—, ágora, cabina de radio, casa de día, juegos infantiles y una alberca de dimensiones similares a las olímpicas. Todo en su primera etapa. Detrás, un proyecto mayor: cien espacios como este en la ciudad.
La apuesta es clara: que no sea privilegio de unos cuantos. Que el ocio, el encuentro y la dignidad dejen de ser excepcionales. Que podamos construir momentos propios, con quienes elegimos compartirlos.
****
Esta oda también nace de la experiencia. Estuve apoyando en el Santo Chapuzón Vacacional, que continúa del 7 al 12 de abril, de 10:00 a 18:00 horas, en turnos de una hora con cuarenta y cinco minutos. Acceso limitado, sí, pero con una ruta clara: más albercas, más espacios, más tiempo común.
Hasta que el ocio —como forma de lo público— sea permanente.
Para que el esparcimiento no dependa del mercado. Para que exista, incluso si incomoda. Como dijo la Jefa de Gobierno: mientras existan proyectos así, la utopía deja de ser discurso y comienza a tomar forma.
Al último y por último —pero nunca, nunca menos importante—:
El ejército ciego, de David Toscana, ganador del Premio Alfaguara 2026, es un libro breve que —dicen— permite mirar el mundo desde la perspectiva de los vencidos. Terminando Fouché, será mi siguiente lectura. Una pequeña desviación del plan, pero necesaria.
Sean rabiosamente utópicos…
Hasta pronto,
Alan Jiménez
“Siempre he pensado que la política es, entre otras cosas, pensamiento y acción; pero ahora son tiempos de hechos, no de palabras, como decía el revolucionario mexicano que más admiro, el general Francisco J. Múgica.” – Andrés Manuel López Obrador
Las palabras de López Obrador vienen a cuento con una claridad casi mística: en política, lo que se piensa y lo que se hace rara vez coincide. Ahí aparece la figura de Fouché: sobreviviente de los días más convulsos de la Francia revolucionaria. La diferencia es sustancial: antes era un solo hombre; hoy son muchos y muchas los que navegan en esa ambigüedad.
****
El Partido Verde Ecologista de México es, por decir lo menos, camaleónico. Ha sobrevivido a la llamada revolución de las conciencias con una plasticidad notable —y con menos pudor que el PT—. Ha sabido alinearse con el poder, ya sea con el PRI o con el nuevo oficialismo, adaptándose al discurso del momento sin mayor conflicto. Hoy, tanto el Verde como el PT muestran que la transformación también está llena de actores que no operan con lógica de proyecto, sino de cuota. No navegan: presionan. No construyen: negocian. Quieren más del pastel que representa el poder actual.
****
La decisión del PT de bloquear la consulta de revocación de mandato, sumada a la molestia presidencial, abre una grieta evidente. Un sector de los llamados “puros” lleva tiempo esperando este momento. Si se lleva el argumento al límite, Morena podría quedarse sin pretextos: las desviaciones ya no vendrían solo de los aliados, sino del propio entramado interno. Porque esa ecuación —nunca exacta— está cada vez más condicionada por intereses de grupo. Ahí está el verdadero problema: el pulso interno del movimiento. Uno que comienza a tensarse más allá del discurso transformador.
****
Para los electores, la disyuntiva parece clara en el discurso: castigar, vigilar, depurar. Pero la realidad es otra. Los acuerdos no desaparecen; se transforman. Persisten según las necesidades del momento. La política —el circo más antiguo del mundo— sigue funcionando bajo la lógica del estira y afloja. Con sus notables y destacados equilibristas.
Y ahí, como siempre, aparecen figuras que cambian según convenga. No por convicción, sino por supervivencia.
Al último y por último —pero nunca, nunca menos importante—:
En la lectura de Fouché, el genio tenebroso me dejó un poco inquieto, animado a seguir la lectura que se coloca casi interesante hasta el punto de no soltar, pues escribió manifiestos ideológicos que no sostuvo con las acciones, y de esos puede haber hoy; lo complejo es distinguir el coro de voces.
Sean Rabiosamente Felices...
Hasta el lunes de Gloria…
Alan Jiménez
“La interpretación de nuestra realidad con esquemas ajenos solo contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solos.” — Gabriel García Márquez
En la semana comentábamos cómo algunos, en sus mentes, construyen y aceptan ideas que terminan por justificar el daño a otros. Los estadounidenses tienen ciertas manías sobre lo que representa América Latina, pero en ocasiones alcanzan niveles sumamente alarmantes. El caso más reciente se expresa a través de la embajada en la isla de Cuba, al solicitar al gobierno la importación de diésel. Bruno Rodríguez, canciller cubano, calificó la petición como “descarada”, pues resulta evidente que el bloqueo —o una forma aún más descarnada de guerra— ha llevado a la isla a enfrentar apagones eléctricos, a complicar la movilidad cotidiana y a detonar protestas que no necesariamente buscan un cambio de gobierno, sino condiciones mínimas de vida.
Entre las críticas reales está la ausencia de alternativas concretas para los cubanos. Literalmente, pareciera plantearse una disyuntiva de “socialismo o muerte”. Sin embargo, conviene matizar: no se trata de una inmolación derivada exclusivamente de un sistema mal diseñado o de una utopía fallida, sino del intento constante por descarrilar un proyecto histórico distinto, por aniquilar un modelo que desafía al de su vecino inmediato.
****
Retomar esta lógica, así como la visión de Marco Rubio, resulta fundamental para comprender lo que ocurre. Sus padres se exiliaron de la Cuba de Batista, contexto que dio origen a la revolución triunfante, misma que ha resistido durante décadas los embates políticos y económicos del imperio. La existencia de un modelo latinoamericano cercano, distinto y persistente frente a una presión constante, representa una anomalía incómoda. Tal vez por ello, más que un fracaso interno absoluto —aunque errores los haya habido—, lo que predomina es el peso de un bloqueo sostenido sin disimulo. Ahí parece residir la distorsión de Rubio: en la mezcla de sus fobias ideológicas con el origen histórico de su propia narrativa familiar, una voz que además influye en decisiones políticas de alto nivel dentro del entorno de Trump.
****
Trump, por su parte, encarna una vía ultraconservadora que coquetea con la idea de aniquilar uno de los últimos reductos sostenidos de la revolución socialista. Ese parece ser el horizonte de sus aspiraciones, compartido por los sectores más radicales que orbitan en torno a la administración MAGA, cuyas decisiones empujan al mundo hacia escenarios cada vez más inciertos y peligrosos. Resulta difícil suavizar el carácter de políticas que, en la práctica, pueden calificarse como irresponsables y, en ciertos casos, abiertamente agresivas.
****
No habría que suavizar tampoco otras formas de impacto. El consumo desmedido —por ejemplo, de productos como el mezcal— traslada costos ecológicos a los países productores. Como en otros ámbitos, ese modelo de consumo termina por erosionar territorios, culturas y proyectos de vida. La destrucción no siempre es visible de inmediato, pero es constante. Defender lo propio se vuelve entonces una tarea ineludible.
Al último, y por último —pero nunca menos importante—:
Quizá también valga la pena pensar en visitar un paraíso el próximo año: Medellín, la capital del libro, una de las ciudades latinoamericanas que han hecho de la lectura una celebración pública. No deja de ser curioso que esto ocurra en la Colombia de Gabriel García Márquez, nacido un 6 de marzo en Aracataca. Cien años después, la conmemoración se proyecta como una fiesta mundial de la lectura. La cita, para quien quiera agendarla, será el 23 de abril de 2027.
Sean rabiosamente felices…
Hasta pronto,
Alan Jiménez
“Las mariposas no acuden a su arboleda. Más bien, los escorpiones de la traición anidan bajo sus alfombras y las abejas de la ambición acuden a su panal.” — Carlos Fuentes
La reforma electoral de la presidenta Claudia Sheinbaum representa una derrota importante para la narrativa de la derecha, pero también evidencia tensiones profundas en las alianzas tejidas con el Partido del Trabajo y el Partido Verde Ecologista de México. Quizá en otros lugares del mundo esto se llamaría consensos y acuerdos; aquí, en cambio, lo que hemos visto en los últimos días se asemeja más a una dinámica de presión política constante.
El PT y el PVEM no actúan únicamente como aliados circunstanciales, sino como socios con intereses propios que buscan influir en las decisiones “por el bien de la familia”, como en aquella película magistral, The Godfather, de Francis Ford Coppola. La presión ha girado en torno a la idea de que la reforma implicaría avanzar hacia un partido predominante, desplazando a las rémoras a su lugar natural, mientras estas negocian posiciones e influencia para seguir siendo relevantes.
El caso del Partido Verde resulta ilustrativo: nunca antes había acumulado tantos espacios. Mariana Boy Tamborrell encabeza la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente y, sin embargo, los resultados técnicos han sido cuestionados, como en el conflicto con Vulcan Materials Company por la explotación de caliza y el impacto ambiental en la península de Yucatán. La dificultad para hacer valer los intereses nacionales frente a los mercantiles confirma que la disputa no es solo política, sino también económica y estructural.
****
En este contexto, la reforma difícilmente podía avanzar sin el respaldo de los aliados. Tras las declaraciones de la presidenta, puede interpretarse un intento por sacudirse esas presiones y avanzar en una agenda propia. Sin embargo, conviene ser realistas: la operación política heredada en las cámaras, encabezada por figuras como Ricardo Monreal y Adán Augusto López, no ha mostrado eficacia ni voluntad suficiente para construir mayorías estables. No se trata de doblegar a nadie, sino de comprender que las negociaciones parlamentarias responden también a intereses personales y a la colocación de cuadros cercanos en posiciones estratégicas.
****
Otra lectura posible es que la reforma fallida haya servido para exhibir las presiones internas y los mecanismos de chantaje político que siguen operando. Estas tensiones podrían trasladarse ahora al interior del propio partido gobernante. La defensa pública de la postura presidencial por parte del diputado morenista Víctor Hugo Lobo evidencia que la pugna por el control no solo es externa, sino también interna. Permitir que los aliados frenen de manera permanente el proyecto transformador implicaría regresar a las lógicas del pasado.
Todo indica que el PT, con resistencias, y el Verde terminarán acompañando una versión alterna del proyecto presidencial: un plan B con mecanismos de control más moderados. La pregunta inevitable permanece abierta: ¿se impuso realmente la presión presidencial o simplemente se negoció una salida menos costosa para todos?
Al último y por último —pero nunca menos importante—:
El domingo 8 salí con un amigo a buscar algún libro, sin rumbo fijo. Tenía en mente una joya que había visto días antes, pero alguien más la encontró primero: Conversación en La Catedral, de Mario Vargas Llosa. En la búsqueda apareció otra sorpresa: Ada or Ardor, de Vladimir Nabokov. Él lo compró; yo recordé que aún tengo pendiente Lolita.
Durante la semana vi las dos versiones cinematográficas de Lolita: la de 1962, dirigida por Stanley Kubrick, y la de 1998. Son dos sensibilidades frente a una misma obsesión: el autoengaño de la mente humana y la facilidad con la que, en nombre de nuestras propias interpretaciones, podemos justificar monstruosidades.
Habrá que leerla con atención. El miércoles nos leemos en el Cuaderno de Doble Raya.
Sean rabiosamente felices…
Hasta pronto,
Alan Jiménez
"El imperio, en su vejez, no aprende idiomas: los impone."
– Eduardo Galeano
Estados Unidos citó a buena parte de la derecha latinoamericana en funciones —y a uno próximo a asumir el cargo— a una cumbre contra el narcotráfico, ofreciendo "el poder de nuestras fuerzas armadas". Lo cual es curioso, pues México, Brasil y Colombia no fueron requeridos. Quizás porque no se comparte del todo la visión.
Lo curioso, a diferencia de hace algunos años, es que hoy la mayoría giró a la derecha, y México intenta mantener un proyecto de corte progresista. También que el pato Trump declaró: "No voy a estar aprendiendo su maldito idioma". Los diez invitados, en su mayoría, hablan español. La descortesía, como es costumbre. El sello sigue intacto. El freno, ¿cuándo ocurrirá para detener la catástrofe?
****
Al interior de la mayoría política, se están mintiendo para definir a los candidatos a gobernadores o gobernadoras para el próximo año, así como a ediles, diputados federales y locales para la batalla intermedia de 2027. Haciendo una lista de buenos deseos, lo sabroso lo estaremos viendo en junio y cómo inicia la disputa por los encargos.
En Morena se espera al menos una fractura con las alianzas que dependen de intereses grupales y minoritarios de aquellos que están acostumbrados a vivir del erario —desde el verde camaleónico o a lo Fouché, y el no menos superviviente del sistema partidista, el del trabajo—.
****
Las protestas en la Secretaría de Bienestar e Igualdad Social se dividen en dos, desde mi juicio:
El justo, por las demandas de insumos en los CAES —esos centros de atención múltiple en situación de riesgo— y la saturación de los mismos. Me parece legítima, desde la exigencia de las condiciones de las trabajadoras como para el público usuario. Si la vía es atenderlos, que sea de calidad.
El otro es un juego del sindicalismo extraviado que demanda la comodidad de un sector de la burocracia que simula trabajar y que es llamado a cumplir con su elemental obligación contractual, y no ocurre así. Exige flojera sin sentido. Puedo estar equivocado, pero esa es la disputa que aprecio.
Al último y por último —pero nunca, nunca menos importante—:
Comencé a leer Fouché, el genio tenebroso de Stefan Zweig. Es una obra de biografía interesante que, ya desde el inicio, puedes intuir de qué capacidad está hecho el hombre en cuestión. Me hizo recordar las palabras del semiólogo francés Roland Barthes sobre Michelet.
Sean rabiosamente felices…
Hasta pronto,
Alan Jiménez
“Cortar una cabeza no mata al monstruo; lo enseña a tener más.” — Proverbio anónimo
Hace una semana, en Jalisco, el terror se desató. Los narcobloqueos florecieron con rapidez, todo porque había muerto el líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”. Un rostro visible que, tras la caída de figuras como Joaquín Guzmán Loera e Ismael Zambada García, parecía ser el último gran emblema.
Pero como en aquella historia griega de Hércules con la Hidra de Lerna, cortar una cabeza significa que nacen dos más. El poder oculto del narcotráfico lo absorbe todo, lo contagia todo, y nos arrastra al delirio colectivo, como vimos hace unos días.
La narrativa vuelve a ser la de hace algunos años: aplaudir y celebrar estas capturas como si fueran la prueba definitiva de las “convicciones” para fulminar a los cárteles. Pero es una estrategia fallida. No porque yo lo consigne así, sino porque sobran ejemplos de que las cosas han ocurrido de la misma manera: hoy un jefe pierde la vida, mañana otros afilan los cuchillos para ocupar su lugar. Las dinámicas parecen idénticas. Como cuando se enaltecían figuras policiacas que terminaron desmoronándose, como la del hoy preso Genaro García Luna.
Se habla ahora del “Batman” mexicano, de lo indispensable que sería para hacer de este país un lugar más seguro, más confiable, más fuerte ante las presiones externas y las dinámicas de Trump. Esa parece ser la narrativa: construir un nuevo súper policía de la 4T para encajar en ese relato. Ahí veo el riesgo de abdicar al cambio ideológico y sustancial por un pragmatismo descafeinado, más profundo aún de lo que se rechazaba en la pugna contra Marcelo Ebrard.
****
Hablando de Marcelo, Mario Delgado, desde la Secretaría de Educación Pública, pretende reinstalar vínculos con editoriales que rompieron hace poco y que apostaron por el fracaso en la distribución de los libros de texto gratuitos. Aquella batalla parece haberse abandonado, y con ella parte de la transformación. La salida del director de materiales educativos implica la pérdida de un cuadro transformador relevante en una tarea profunda.
En Grandeza, Andrés Manuel López Obrador intenta dotar de sentido histórico a su proyecto; sin embargo, estos movimientos parecen un regreso a lo mismo. Un paso atrás en lo cultural y lo educativo, dimensiones cruciales para cualquier programa de izquierda que aspire a algo más que discurso.
****
Cuba es amenazada, México es presionado, e Irán es bombardeado, con vidas civiles perdidas y el líder iraní como objetivo. La locura mundial no se detiene. No parece importar ningún sistema internacional, porque se concede demasiado a Trump y a su dupla desquiciante, Benjamin Netanyahu.
Al último y por último, pero nunca, nunca menos importante…
El libro Grandeza tiene aspectos curiosos, como la postura crítica hacia Charles Darwin, a quien se le atribuye una presunta fundación del racismo. Es una lectura discutible, pues Darwin también fue hijo de su tiempo, presionado por la Iglesia y por conservadurismos aún más férreos que los actuales. Al mismo tiempo, el autor concede equilibrio a otras figuras del pasado.
Esa sería, por ahora, mi crítica: una búsqueda de identidad cultural e histórica con fuertes valoraciones políticas. No obstante, resulta interesante su interpretación del Imperio mexica como clave para comprender disputas imperiales contemporáneas.
Sean rabiosamente felices…
Hasta pronto,
Alan Jiménez
